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Modesto: "Me tocó la lotería cuando entré en el ensayo clínico"

Modesto fue diagnosticado de un cáncer de piel con metástasis en el hígado y los pulmones que le obligó a dejar el trabajo, su pasión. Pero gracias a un ensayo clínico con un fármaco inmunoterápico novedoso administrado en la Clínica ha recuperado la ilusión y disfruta de su pueblo natal.

24 de mayo de 2017

Con su excavadora, Modesto Alcolea pasaba largas horas al aire libre. El viento, la lluvia, pero también el sol le acompañaban cada día sin saber que el astro rey le iba a jugar una mala pasada. Un lunar despertó la sospecha en su mujer “porque ella vio que un día sangraba” y el dermatólogo les confirmó que se trataba de un melanoma avanzado con metástasis en hígado y pulmones.

En ese momento, comenzó el duro trabajo de superación: “Me lo pusieron tan mal que tuve que dejar de trabajar. Se me vino el mundo encima porque para mí el trabajo era mi pasión. Me gustaba tanto lo que hacía que no descansaba ni en vacaciones”.

La inmunoterapia, tratamiento clave en su recuperación

Modesto fue derivado desde Logroño, donde reside, a la Clínica Universidad de Navarra. Tras analizar su caso, los especialistas comprobaron que disponían de un ensayo clínico para él. Consistía en la administración de un fármaco inmunoterápico, conocido como Nivolumab, por vía intravenosa de manera ambulatoria. Pero también precisaba ser operado debido a que el cáncer se había extendido a otros órganos. “La operación duró una hora y fue muy duro”, recuerda Modesto, que tuvo que afrontar “los peores meses” de su vida. “Estaba tan mal que tenía que ingresar cada dos meses”. 

"Cuando recuerdo a la gente que conocí afectada con mi misma enfermedad pero que no pudo entrar en el ensayo clínico, me siento un afortunado"

Con el paso de las semanas, el riojano asistió a una rápida recuperación. Cada quince días, acudía a su cita en el Hospital de Día de la Clínica Universidad de Navarra, donde recibía el fármaco inmonoterápico en el marco del ensayo clínico. “Es una pasada: al poco tiempo de tomarlo, me encontraba bien. Me hacían escáneres y los resultados eran cada vez mejores. Por eso, para mí, entrar en el ensayo fue como si me hubiera tocado el gordo de la lotería”.

Un privilegiado con una nueva vida

En la actualidad, Modesto vive junto a su mujer y dos hijas “mirando el día a día” y disfrutando de su pueblo natal, Villoslada de Cameros (La Rioja), donde da largos pasados hasta Ermita de la Virgen de Lomos de Orio. Eso sí, siempre evitando el sol.

Asegura que se encuentra “normal” y ya no precisa tratamiento. Pero se emociona al acordarse de algunas de las personas que conoció en el centro médico navarro y no tuvieron su misma suerte: “Lo que peor llevo es recordar la gente que conocí afectada como yo pero que no pudo entrar en el ensayo por no cumplir los requisitos. He sido un privilegiado”.

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